Can
you feel a little love? (Dream on)
By: Selene
Y entonces fue cuando mis ojos se abrieron. Mi cabeza fue taladrada por un inmenso dolor, mientras cobraba poco a poco consciencia de donde estaba en este preciso instante.
Miré a mí alrededor, y me encontré despojado de mi armadura. En cambio, tenía una camisa liviana y abierta. Además, estaba acostado en una habitación muy lujosa.
Pero no era el lujo que esperaría en Asgard. Era un tipo de lujo mucho más ostentoso, que incluso albergaba el olor a depravación.
-¿Dónde estoy?-
Nadie respondió a mi pregunta. Me levanté trabajosamente y descubrí que tenía mis manos sujetas a unas cadenetas de oro, las cuales estaban adjuntas a la cama. Jalé varias veces, tratando de zafarme. Ya lo poco que veía no me agradaba en lo absoluto.
-No podrás romperlas, Siegfried de Alfa.- Dijo una voz a mis espaldas. Me volteé abruptamente para localizar a su dueño.
Era un hombre alto, vestido de negro y portaba una ostentosa melena rubia abundante. Me le quedé mirando fijamente, muy aprensivo.
-¿Quién eres? ¿Y donde estoy? ¿Dónde esta Hilda?-
El hombre sonrió levemente, torciendo la boca.
-Estás en el inframundo, Siegfried. Mi nombre es Minos de Grifón, y soy uno de los supremos jueces de este lugar.-
¿Inframundo? ¿No era ese el infierno del cual los griegos hablaban? ¡Algo había leído sobre ellos! Ahora todo cuadraba perfecto, pero… ¿Y donde estaba Hilda?
-¿Dónde esta Hilda? ¿¡Qué hicieron con ella!?- Exclamé, aun más nervioso. La sola idea de pensar que algo le pasara me erizó los pelos.
-Hay cosas que es mejor no saber, Siegfried…- Dijo Minos, ahora poniéndose serio. Algo me dijo que estaba escondiéndome algo.
-Respóndeme, Minos de Grifón- Siseé, sin dejar de mirarlo retador. Pero la cara del juez seguía inexpresiva.
-Relájate Siegfried… Así no llegaremos a ninguna parte.- Replicó, acercándose mas hacia mi.
-Aléjate- Mascullé, haciendo tintinear la cadena. Por mas ataduras que tuviera, igualito iba a defenderme a como diese lugar.
-No servirá de nada que intentes atacarme. Las cadenas te privan de usar tu cosmos…-
Gruñí en frustración. Luego volví a encarar a Minos.
-¿Qué DEMONIOS quieren ustedes de nosotros?-
El juez sonrió nuevamente, volviendo a torcer la boca.
-De ti… Ellos no quieren nada. Pero YO si quiero algo de ti, Siegfried de Alfa-
Aquello me desconcertó mas… ¿Quiénes eran “Ellos”? ¿Y que demonios quería EL de MI?
-¡No digas tonterías! ¡Has estado esquivando mis preguntas! ¡Responde, demonios! ¿¡Dónde esta Hilda!?-
Minos meneó la cabeza, suspirando.
-No querrás saberlo… Mejor déjalo así Siegfried- Me dijo. Pero eso solo me engrifó aun más. ¿Quería decir que Hilda había….?
As your bony fingers close around me Long and spindly, death becomes me Heaven can you see what I see?
-No me digas que…- Balbuceé, pero el me colocó un dedo en los labios.
-Silencio Siegfried. Tus estas bajo mi poder. Te traje aquí… Por que yo te deseo… Y me dejaron esclavizarte…-
-¿QUÉ?- Grité, no dando crédito a lo que el juez me decía con su ahora cínica sonrisa. ¡Tenía que estar mintiendo!
-¡No soy ningún juguete tuyo!-
-Sí lo eres, desde el preciso momento que te traje aquí… Y vas a complacerme en todos mis deseos…-
Algo se rompió dentro de mí. Inmediatamente mi mente comenzó a viajar… Y a explorar mis recuerdos…
********
Y es tan solo una noche mas de las que paso insomne. No es lo normal en un capitán. Por ser el de mayor rango, necesita tanto como los demás un descanso tranquilo y seguro para poder rendir durante el día.
Pero… Rendir es lo que menos hago desde que volví misteriosamente a la vida. Últimamente estoy de más mal humor que de costumbre, y no puedo concentrarme siquiera en esas actividades que tanto me gustaba hacer, como lo era salir de caza o montar a caballo.
No, de hecho, no me siento yo. Me siento como si estuviese viendo todo a través de un cristal grueso. Todo me es tan… dolorosamente ajeno.
Incluso mi señora Hilda lo ha percibido. Me ha dicho que ando muy fuera de mi mismo desde que resucité, aunque ella, alma de Odín, me dijo que no importaba por el momento y que no dudaba que yo me repondría.
Pero aún así… Me siento mal con ella. Siento que le fallo de alguna manera.
Un día que se acercaba a algo similar a soleado, me puse a caminar por el bosque, armado tan solo de una escopeta y demases instrumentos de caza. Lo sé, lo que tengo no se me puede quitar de la noche a la mañana, pero al menos… Un paseo por el bosque me puede relajar y distraerme por los momentos.
Tras caminar unos cuantos kilómetros, me detuve frente a un lago. Las aguas corrían, y no había señales de trozos de hielo en ellas.
<<Qué raro…>> Pensé yo, y sumergí la mano. El agua estaba fría, si, pero no helada como suponía que lo estaba.
<<Esto es muy extraño… Se supone que debería estar helada…>>
Me encogí de hombros y me quité la ropa. Quizás un buen baño no me caería mal.
Me sumergí de un clavado en las cristalinas aguas, y sentí como el frío calaba hondo en mi piel, pero lejos de provocarme calambres o espasmos dolorosos, la sentí energizante, revitalizante…
Maravillosa…
Nadé por un largo rato, y ya me disponía a salir en el preciso momento que escuchaba una voz y unos pasos a mis espaldas. Olvidé que estaba desnudo y adopté una pose defensiva.
-¿Quién anda ahí?-
Casi se me caen los pantalones cuando me di cuenta que quien estaba allí era Hilda y nadie mas.
-¡¡SEÑORITA HILDA!!-
Me puse rojo como cangrejo y me apresuré a vestirme ¡No podía permitirle verme en ese estado!
Hilda solo se rió bajito, no parecía molesta o asustada. Se tapó los ojos mientras me vestía, y luego ya estaba sentada a mi lado en una roca.
-Estaba preocupada por vos, Siegfried… Ya sabes, lo que he notado que tienes…-
Volví a sonrojarme y le respondí
-¡No se preocupe! ¡Soy fuerte, señorita Hilda!- y le mostré mi bíceps, flexionándolo -¡Nada me detendrá!-
Ella sonrió ante mis afirmaciones. Dioses, que hermosa… Me quedé embobado viéndola.
-Siegfried, sabes que te conozco mejor que a nadie… Fuiste, junto con Mime y Hagen, uno de los primeros en llegar al palacio Valhala.-
Los gestos que hacía para agradarle se me frenaron en seco. Hilda me estaba viendo muy seria.
-Me estas preocupando, Siegfried, y aunque no dudo que se te pasará, no puedo evitar preocuparme… De hecho fue lo que me movió a venir a verte.-
-¿Y como supo que yo estaría aquí…?-
La sacerdotisa hizo un gesto, señalando las huellas. Yo reí, que pregunta mas estúpida le hice.
-Te seguí desde Alfa hasta aquí por tus huellas- Respondió con dulzura -¿Qué tal está el agua?-
-Fría pero deliciosa. Es muy extraño, pues debería estar helada.-
-Entiendo…- Hilda se levantó y la vi… No, no puede ser… ¿Iba a…a?
-Señorita Hilda ¿que va a hacer?- Pregunté, casi sin dar crédito a lo que mis ojos veían. Inmediatamente volteé para no faltarle el respeto.
-Voy a bañarme aquí también… Sé que si estoy contigo, estaré segura…- Respondió ella. Aunque no la veía, podía adivinar que tenía sonrisa en su rostro. Suavemente colocó sus manos sobre mis hombros y me hizo voltearme.
-Pero no, señorita Hilda, no debo mirarla así…- Dije, temblando y reprimiendo lo que comenzaba a endurecerse entre mis piernas. De ninguna manera, no iba a permitirle verme así.
-Siegfried, por favor…- Dijo ella, en voz suave -Ven, báñate conmigo… Estamos en confianza…-
<<Vamos Siegfried… No puedes arrugar… No ahora…>>
Reluctante, me obligué a mirarla… Y me arrepentí de hacerlo, por que al verla desnuda, mi erección empujó aun mas contra mis pantalones.
<<¿Y que hago yo con todo esto, por Odín?>>
-De acuerdo- Le dije, quitándome solamente la camisa. Ella me miró extrañada. Ella desnuda y yo… parcialmente….¿vestido? No, no estaba bien. Tenía que estar en iguales condiciones.
-Señorita Hilda, no mire…- Le dije yo, mientras me quitaba el pantalón. Estaba sumamente avergonzado de que ella viese que yo me estaba excitando de solo verla. No quería que pensase que yo era un depravado o algo así.
-Esta bien… No miraré si te hace feliz…- Respondióse ella, con graciosa indulgencia, y se tapó los ojos. Mas tranquilo, la guié al agua para que ella entrase primero, y luego entré yo.
-¡Ya puede mirar, señorita Hilda!- Dije, ahora mas relajado. El agua escondía mi endurecida anatomía inferior y quizás con la misma temperatura se me iba este calentón.
Ella se descubrió la cara, y nadó alegremente a mi lado.
-No entiendo por que te empeñas en esconder tu cuerpo, Siegfried- Me dijo, inocentemente. Yo me hice el loco y esquivé la afirmación. Hay cosas que es mejor no saberlas.
-No confías en mí ¿cierto?- Inquirió ella, y su mirada se entristeció por un momento.
<<¡Odín, por favor!>> Pensé al escucharla. Maldición, tenía que ejecutar una jugada…
-No es eso…- Nadé junto a ella -No tiene que ver con la confianza… Es que… Bueno verá, yo… yo…- Traté de buscar una respuesta convincente y que le quitase esas ideas -¡Soy penoso!-
Ante esta afirmación, ella rió, como si le hubiese dicho un buen chiste. Yo la miré intrigado.
-¿Qué es tan gracioso mi señora?-
-Que el capitán de los guerreros divinos sea un hombre tan tímido y penoso…-
Me volví a poner rojo… ¡Ahora Hilda se reía de mi! Que vergüenza, por Odín…
-… Pero esta bien- Prosiguió ella -Me gustan mas recatados que atrevidos-
Al principio pensé que no había oído bien, por lo que alcé ambas cejas.
-¿Perdón?-
A decir verdad, a mi me gusta mucho la señorita Hilda. Es tan hermosa como cualquier hombre puede desear, pero de alguna manera me parecía ella inalcanzable… Así que prefería disimular las cosas con un barniz en forma de devoción a ella. Me permitía tenerla cerca sin despertar sus sospechas.
Y todo había funcionado del carajo… Hasta ahora.
-Así como lo dije… Me gustan los hombres como tu, Siegfried…-
Tragué en seco. Hilda me había agarrado y me tenía ya donde ella quería. Intencional o no, debo admitir que la señorita Hilda es todo un avión, como quien dice.
En menos de lo que imaginaba, la tenía a mi lado, en una orilla. Yo aun purgaba por esconder aquella latosa erección entre mis piernas, que, por más señas, no terminaba de bajar.
-Señorita Hilda… Pero yo… yo…- No hallaba como expresarle lo que sentía, se me trababa la lengua a cada rato.
-Está bien, Siegfried…- Dijo ella, con una sonrisa -Te he visto mirarme… Al principio pensé que eran cosas mías… Pero me alegro de saber… que no lo son-
No pude aguantarme más, y la tomé en mis brazos. La sentí liviana y delicada como una plumita. Ella se regodeó alegremente en mi abrazo, y nos sentamos ambos a la orilla del lago.
<<Odín por favor guíame, que no quiero estropearla…>> Pensaba.
Ella se quedó mirando mi erección y me ruboricé como un cangrejo nuevamente. Cerré abruptamente las piernas. Ya esta… ¡seguro piensa que soy un depravado!
-Siegfried… Ven…- Hizo como si no la hubiera visto, y me volvió a abrazar, tumbándome de espaldas contra el suelo y ella quedando encima mío. Fue una visión sublime, y mi excitación y temperatura fueron en paulatino aumento.
Suavemente acerqué su rostro al mío, tomándola delicadamente por el mentón, y así pude probar la delicia pura de sus labios prístinos. Me estaba conteniendo, pues entre mas la besaba, mas ganas me entraban de devorarla. Pero no quería asustarla.
Ella respondió a mi beso, y fui notando más y más deseo impregnado en cada uno de sus gestos. Un poco torpe, se acomodó para quedar cómodamente repantigada sobre mi cuerpo, aunque su vientre fue a descansar justamente encima de mi erección… Solo espero que eso no la asuste.
Pero lejos de hacerlo, la veía restregarse contra mí, trayéndome más y más escalofríos. Hundí un poco mas mis labios, pidiendo con ello que ella abriera un poco mas los suyos, y pronto nuestras lenguas danzaron eróticamente una contra otra.
Ella gemía ahogadamente, contra mi boca, incapaz de recobrar el aliento, tal y como sucedía conmigo en este momento.
Pasé mis manos por la curva de su espalda y de sus caderas, apreciando sus formas delicadas. Con la otra toqué sus preciosos pechos: Eran grandes, suaves y hermosos, con aureolas casi rosadas.
No pude soportar más, y suavemente la coloqué de espalda, pero con mucha delicadeza. Ella me miró con una sonrisa dulce en su rostro, adornado ya con un precioso rubor. Pero no había ni temor ni nada.
Mi boca se curvó en una sonrisa, en silenciosa respuesta a la suya. Me alegraba de veras que ella disfrutara tanto como yo.
La volví a besar suavemente, cerrando mis ojos de vez en cuando, disfrutando con más calma su delicioso sabor. Luego bajé un poco más y besé su cuello, pálido como la nieve. Con un dedo acaricié la curva del mismo.
-No sé… como decirte que eres tan hermosa Hilda…- Murmuré
Ella sonrió, y jamás olvidaré su expresión cuando me dijo esto
-Siegfried… Tú eres el hombre que quiero…-
Sentí algo derretirse en mi interior, olvidando mis pesares y mi sensación de ausencia y vacío que tanto la preocuparon hacía unos días atrás, y me dí cuenta de una cosa.
Que esa misma sensación era por que ya no soportaba mas esconderle este secreto. Que anhelaba tenerla cerca.
Y la quería ya.
Me coloqué entre sus piernas y la penetré despacio. Considerando que era su primera vez, tenía que ser cuidadoso. Estuve atento a su rostro, buscando la primera señal de dolor. Ella me miró y solo afirmó
-Estoy bien… Sigue, Siegfried…-
Me moví un poco más, y entré por completo en ella. Por Odín, no puedo describir tamaña sensación. Me quitó el aliento, de hecho tuve que pararme para poder recuperarlo y seguir.
Conforme la excitación aumentaba, me moví más rápido, sin dejar de besarla y acariciarla. En ningún momento quería que se separase de mí. Quería sentirla cerca, muy cerca de mí.
Pronto llegamos al orgasmo. Fue la dicha, no solo para mí sino para ella. Ambos gritamos al completo unísono, armoniosamente…
-Te amo… Hilda de Polaris…- <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /> Volví a mirar a Minos fijamente… ¿Acaso era posible que hubiesen asesinado a Hilda?
-¿La mataron, no…?-
Minos no contestó. Yo proseguí
-Cuando me salen con evasivas así usualmente espero lo peor… Lo aprendí por terribles experiencias…-
Sentí como mi voz temblaba y mi resistencia amenazaba con derrumbarse. Mi voluntad de vivir se estaba encogiendo… Si Hilda estaba muerta, entonces Asgard no tardaría en caer en desgracia… Y para mi, mi único motivo de vivir… Se había desvanecido para siempre.
La expresión de Minos cambió. No era cínica ni nada, sino seria y algo solemne.
-De acuerdo: Es verdad. Matamos a Hilda. El señor Hades quería su sangre para aumentar su poderío… Y cuando lo hicimos, tomamos Asgard como parte de nuestro territorio…-
Me tambaleé, pensando que tal vez todo esto era una pesadilla… Que despertaría en los brazos de mi amada Hilda… Y que nada había pasado…
-¿Esto es una pesadilla no?-
Paying debt to karma You party for a living What you take won't kill you But careful what you're giving
-No- Dijo Minos -No es ningún sueño. Además, llevas más de un año cautivo aquí en el inframundo-
La sangre se me fue del rostro… ¿Cómo esto puede estar pasando? Me dejé caer contra el respaldo de la cama y sostuve mi frente, entristecido. Minos no parecía mentir en nada de lo que me decía.
Tibias lágrimas corrieron por mi cara, las segundas que derramé… Por que la primera vez fue al darme cuenta de cómo mis compañeros murieron a causa de la ambición de Poseidón.
Minos sostuvo mi rostro, obligándome a encararlo.
-Acepta la realidad, Siegfried. Eres el último asgardiano vivo.-
-No me halaga eso para nada…-
-No, lo sé, no es nada halagüeño- replicó el, concediéndome la razón -Tranquilízate… Cuando te entregues a mi, olvidarás todo eso que te molesta tanto…-
El juez ahora se había acercado a mi boca, acariciando los grilletes que rodeaban mis manos, posiblemente disfrutando de cómo estos restringían no solo mis movimientos sino mi cosmos también.
-Relájate… Olvídala ya…- Susurró en mi oído. Sentí su aliento cálido golpear contra mi canal auditivo, y eso me produjo un estremecimiento… ¿Qué estaba haciendo, por el amor de dios?
-Oye… Pero no soy gay… - Afirmé, y era cierto. Toda mi vida mi corazón había sido devoto a una sola mujer, y esa era a la que precisamente habían matado… Forcejeé un poco para alejarme del juez.
-¿Y quien te dijo que tenías que serlo?- Susurró Minos -Por mi puedes ser completamente bisexual… Serías el esclavo perfecto…-
-No, no puedo… No me gustan los hombres…- retruqué, protestando ante sus avances. Estaba molesto, triste y además confundido, sumido en el dolor de haber perdido a Hilda y que además fuese el último asgardiano vivo.
Toda mi gente murió… Phenrill, Mime, Tholl, Alberich, Syd, Bud y Hagen… Todos ellos… Habían muerto.
Acepta la realidad, Siegfried. Eres el último asgardiano vivo
La voz del juez al afirmar esa terrible sentencia aun vibraba en lo más profundo de mi cabeza. Bajé la mirada y le dije
-Oye, mátame… ¿Que más da si soy el último de los asgardianos o no?-
There's no time for hesitating Pain is ready, pain is waiting Primed to do it's educating
-No te mataré, ya te lo dije… Te prefiero vivo, cálido y hermoso…- replicó Minos, tocando mi mejilla -No te sentaría bien ser uno de nosotros…-
<<¿Uno de ustedes?>>
-¿Qué… quieres… decir con eso?- Pregunté con voz queda. Minos sonrió.
-Siegfried, querido… Estamos en el inframundo. Aquí van a parar todos los muertos…Los vivos pueden venir si son guiados por espectros y bajo el consentimiento del señor Hades…-
Lo miré fijamente… Entonces, si Hilda estaba muerta… ¿ella estaría en alguna parte del inframundo? Una lumbre de esperanza loca me iluminó, secándome las lágrimas que habían escapado por mi rostro.
-Entonces… ¿acaso Hilda es una de ustedes ahora?-
Minos sonrió, como si yo hubiese dicho algo que el quería -y esperaba- escuchar.
-Así es. Es cierto que Hades la mató, pero al hacerlo, le otorgó una nueva vida-
Volví a forcejear con las ataduras, suplicante.
-Quiero verla… Minos por favor… Aunque sea… Por última vez.-
El juez se puso serio, mirándome fijamente.
-¿Estas seguro de eso? Que tenga una nueva vida significa también que su memoria fue borrada…-
Aquello volvió a cerrar mis horizontes… ¿Entonces Hilda me había olvidado? Volví a derrumbarme contra la cama… ¡Esperanzas vanas!
-Tú decides, Siegfried de Alfa…- me dijo Minos -Yo puedo traértela, pero no me hago responsable de lo que suceda…-
Me quedé pensando en lo que Minos me estaba diciendo, y decidí que, aunque si pudiese ver su hermoso rostro por última vez, al menos mi corazón no terminaría de resquebrajarse por completo…
-Tráela, Minos…- Dije, con voz temblorosa pero inequívocamente firme -Quiero verla… No me importa…-
-Como quieras- Respondió el juez, encogiéndose de hombros y saliendo de la habitación, y regresó como a los 10 minutos.
-¿Siegfried?-
La voz me tomó por sorpresa, conocida y tan anhelada. Una hermosa silueta entró a la habitación, vestida de negro intenso, que resaltaba con el azul-blanco de su cabello…
-¿H-Hilda?-
Can you feel a little love..? Can you feel a little love...? Dream on... Dream on...
Efectivamente, como dijo Minos, era ella, pero había cambiado mucho: Sus ojos no tenían el resplandor puro y sereno de cuando estaba viva, sino la opacidad de la muerte. Su túnica, en vez de azul como los glaciares, era negra como azabache, y su piel era mortalmente pálida.
-Con que tu eres Siegfried de Alfa…- Afirmó ella, mirándome fríamente. No eran sus dulces ojos que me habían mirado con tanto amor. Sentí mi corazón romperse por dentro, con un sonoro “crash”…
Ella me tomó del mentón y me obligó a mirarla a los ojos, lo cual no hizo otra cosa que sentir los pedazos de mi corazón roto hace un momento. Me dí cuenta que <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la Hilda que conocí jamás volvería, y que entonces aquí solo veía a la materia, y no a la mujer que una vez amé con devoción hasta el fin.
<<Hilda, mi preciosa Hilda… Te has ido y tan solo veo un reflejo oscuro de quien fuiste…>>
Desvié la cara, dejando que lágrimas amargas corrieran por mi rostro. Efectivamente, Hilda había muerto, así que dejé salir un sollozo ronco, admitiendo mi derrota, y el fin de lo que fueron mis esperanzas, mis sueños… Todo se había ido al caño… Ahora todo lo que deseaba era la muerte.
Hilda me miró extrañada, y con una mano secó mis lágrimas.
-Hay dolor como tanta vida dentro de ti…- Susurró
Feel the fever coming You're shaking and twitching You can scratch all over But that won't stop you itching
Retiré mi rostro de su mano, rehuyendo a su toque. Minos se sentó junto a mí y jugó con los rizos de mi cabello. Ella aprovechó para sentarse en mi regazo.
-Todo pasará… Pasará, Siegfried de Alfa… Aprenderás a disfrutar y no volverás a sufrir…-
<<Lo dudo tanto… La verdad que seguro ni la muerte misma me podrá quitar el pesar que cayó sobre mi…>>
-Juega un poco con el si lo deseas, Hilda, te doy permiso- Afirmó el juez, con una sonrisa. Ella se la devolvió y luego me miró.
-Está bien-
Minos sonrió y despegó las cadenas de la cama, tan solo para poder atar mis manos hacia atrás. Luego me levantó y me hizo sentar sobre su regazo. Hilda se nos quedó viendo, con una sonrisa.
-Eres un precioso esclavo…- Afirmó ella, sin borrar su expresión. Minos deslizó sus manos sobre mi pecho, jugando con mis pezones. Estos respondían endureciéndose bajo su toque.
-Mírala Siegfried… Hasta ella dice que eres un esclavo hermoso…-
Lo deseara o no, mi cuerpo ya comenzaba a reaccionar no solo ante el volver a verla desnuda ante mi, sino también por como Minos me tocaba. Al principio me dio asco, pero poco a poco descubrí lo bien que se sentían las manos de otro hombre sobre mi.
-Muy bien, Siegfried… Lo estas haciendo muy bien…- Susurró Minos, lamiendo mi cuello, haciendo que mi piel se erizara y que jadeara, estremeciéndome de placer. Con una mano abrió mis piernas lo suficiente para que mi erección quedase a la vista de ambos.
-Lo estas disfrutando…- Comentó ella, con una mueca lujuriosa. Se inclinó sobre mi sexo, ya erecto e hinchado, y lo estimuló con su boca. No pude resistirme a la sensación de esa deliciosa y delicada boca femenina, por lo que mis gemidos subieron de tono.
Minos rió junto a mi oído.
-Y te pones así por unas cuantas lamidas… Como será cuando ella lo engulla por completo…-
Tras darme un sensual mordisco en el cuello, me acostó de espaldas y volvió a atar mis muñecas a la cabecera de la cama. Hilda seguía concentrada en mi miembro, pero solo acariciándolo con la lengua. Muy pronto Minos se le unió, y pensé que iba a enloquecer, pues si ya una boca me alteraba, entonces dos iban a hacerme perder la razón.
Blame it on your karmic curse Or shame upon the universe It knows its lines, it's well rehearsed
-M-más… más…- Murmuré, perdiendo el control sobre mi mismo y mi cuerpo. Demonios, era como si me hubiesen prendido fuego por dentro.
-Vuelvo y repito… ¿Para que ser heterosexual si puedes ser bisexual y disfrutar de todo plenamente?- Susurró Minos, jadeando. Los ojos le estaban brillando tetricamente, mezcla de lujuria y perversión. Alzó con cuidado a Hilda y le abrió las piernas, quedando con su húmeda intimidad a mis ojos.
-Mira esto, Siegfried…- Dijo el juez, entre risitas. Deslizó los dedos en la labia que envolvía esa delicada abertura que poseí con tanto cuidado aquella vez, resultando en un momento espléndido de placer. Los dedos de Minos se iban empapando de aquel tibio néctar que manaba de entre las piernas de Hilda.
-Te mueres por poseerla, lo sé… Pero en este caso, será ella quien te posea y no tú… Después de todo, tu eres el esclavo, no nosotros…-
Hilda rió y yo gemí en protesta, aunque no sé exactamente si era por las veces que me restregaban en cara que yo era solo un mero juguete sexual de ellos dos o por que aún sentía dolor por los recuerdos de mi querida Hilda, ahora reducida a una marioneta sin vida. Quizás si era por ambas cosas.
-Vamos Siegfried… Se te nota que me deseas tanto…- Gimió ella, con las caricias de Minos. Pude ver como sus dedos se estaban adentrando en ella, y un escalofrío me recorrió, haciendo que me deshiciera en gemidos de lujuria.
Sin pensarlo dos veces, Minos soltó a Hilda y la sentó sobre mi erección, empalándola contra mí. La sensación me descolocó por completo, enloqueciéndome como nunca, provocando que mi respiración se atorara y se hiciera entrecortada y trabajosa.
Me miró fijamente desde su altura, sonriente, y se masajeó los pechos para que yo la viese: Mis ojos no se despegaban de sus dedos femeninos recorriendo la piel, apretando los pezones, viendo como se endurecían. Gemí aun más fuerte por la excitación y empujé bruscamente dentro de ella, sin poder controlarme. Al ver mi placer, ella se carcajeó entre gemidos.
Por el rabillo del ojo observé al juez colocarse junto a mí: Se abrió el pantalón y puso su erección, la cual era impresionante y me daba la sensación de ser un poco más grande que la mía, junto a mi boca.
-Ya me viste a mí y a Hilda hacértelo… Es tu turno de intentarlo, Siegfried. Deléitanos.-
Vacilé por un momento, y luego abrí la boca. Tanto Hilda como Minos me observaban concentradamente.
It sucked you in, it dragged you down To where there is no hallow ground Where holiness is never found
Al comienzo sentí un revoltijo en mi estómago, pues no estaba acostumbrado a tener un pene de ese tamaño en mi boca, amenazando con entrar a mi garganta a cada segundo que pasaba. Pero poco a poco me acostumbré, y moví mi cabeza un poco, humedeciéndolo.
Minos gimió roncamente, y sostuvo mi cabeza mientras movía sus caderas, como si me estuviese penetrando por la boca. Y de hecho lo sentía así, amén de que un placer morboso me incitaba a seguir.
-Y quien dijo que los hombres se ven asquerosos con un miembro en la boca…- susurró ella, llena de placer. Mientras se empalaba ella misma, continuaba viendo como el sexo de Minos entraba de lleno en mi boca, hasta la base
-Pues ya ves que no, querida- Jadeó Minos. Finalmente liberó mi boca de su medida, dejándome jadeante. Mi rostro estaba enrojecido por completo. Increíble pero incluso yo había disfrutado con eso también.
Sin previo aviso, ví a Hilda levantarse y salir de mi sexo, dejándolo embadurnado de su dulce néctar. Casi protesté por ello, pero me limité a ver que iban a hacer ellos ahora conmigo.
La ex sacerdotisa de Odín volvía a sentarse, pero esta vez frente a mi rostro, específicamente colocándome la vulva en mi boca: No pude evitar mirarla nuevamente, y sin pensarlo la probé, saboreándola intensamente. Nunca había sentido en mi boca tan inusitado sabor, que no era en lo absoluto desagradable. Moví mi lengua en torno a su húmeda labia vaginal, oyéndola gemir. En eso escuché a Minos hablar.
-¿Quieres ver algo, Hilda?-
-¿Si?-
De repente sentí mis piernas ser alzadas completamente, echadas hacia atrás, y mis tobillos fueron sujetos por Hilda, quien soltaba una risita traviesa. Una risa que nunca le habría oído en vida. Por un momento me detuvo, y la mujer me regañó.
-Sólo concéntrate en lamer, pequeño esclavo.-
En el preciso instante que sacaba mi lengua para seguir probando a Hilda, sentí dos dedos húmedos entrar en mi cavidad trasera, trayéndome punzadas intensas de dolor. Fue tanto que volví a detenerme, pues la sensación me distraía del disfrute. Mi boca se abría, pero era para gemir de dolor.
-Oh oh… Minos, creo que a Siegfried le esta doliendo…- Comentó Hilda, con un tonillo irónico, seguido por la risa de Minos.
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-Es normal que se queje. Después de todo ¿Quién no gime de dolor cuando lo penetran por primera vez?-
-Muy cierto…- afirmó Hilda y me miró fijamente -Pórtate como un hombre, Siegfried querido… No llores como niñata ¿si?-
Tú eres el hombre que quiero…
Esas palabras, pronunciadas precisamente por esta misma mujer, retumbaron en mi mente, como truenos distantes. Sentí una punzada dolorosa en mi pecho y el escozor de las lágrimas al caer libremente por mis mejillas.
-¿Puedo meterle yo los dedos?- Inquirió Hilda, ignorando alegremente mi dolor… ¿es que esta humillación no tendría fin?
A los pocos minutos volví a gritar de dolor, pues si ya dos dedos me dolían, pues sabrán y comprenderán lo que sentí al sumar los de Hilda, por mucho que fueran más delicados que los de Minos.
Para mi desgracia, me fui acostumbrando a la sensación de tener algo adentro, y ya no gemí de dolor si no de placer. Mi interior se contraía, apretando los dedos que me penetraban ya con algo de violencia. Finalmente abandonaron mi cavidad, dejándola ardiendo por más.
-Bueno, te llegó tu hora: Yo Minos del Grifón, tu nuevo amo y señor, te quitaré tu preciada virginidad…-
No pude responder a esa sentencia ¿qué diablos iba a decirle? ¿Le iba a gemir y a suplicar? ¡NO!
Me limité a ladear la cabeza, negándome ahora rotundamente a mirarlos. Suspiré inaudiblemente y me preparé para traspasar el umbral de la cordura y quizás para que se me aflojaran una o dos tuercas.
Nuevamente sentí a Hilda empalarse, pero la sensación no fue de humedad ni nada similar, sino de estrechez y calor… Por Odín ¿Por donde se lo estaba metiendo….?
Abrí los ojos por milésimas de segundos y encontré su vulva frente a mis ojos, abierta de par en par, goteando sus fluidos y me dí cuenta que esta vez la estaba penetrando por detrás, tal y como Minos planeaba hacerme. La vista que tenía frente a mi amenazó con enloquecerme y no pude cerrar mis ojos nuevamente sino seguir con la vista el movimiento cadencioso de su cuerpo y el goteo incesante de su dulce néctar, bañando su ano y mi miembro.
Can you feel a little love..? Can you feel a little love...? Dream on... Dream on...
Sentí las manos del juez sujetar mis piernas hacia atrás, y finalmente me penetró. A diferencia de cómo fui con Hilda aquella vez, el no fue cuidadoso en lo absoluto conmigo. Esta vez el dolor que sentí cuando tenía los dedos se elevó al cuadrado: Mis ojos, casi blancos, se abrieron violentamente y jadeé trabajosamente. Me estaba costando respirar, pues eran dos sensaciones intensas juntas. Estaba siendo “cubierto” por ambos lados.
Pude ver el rostro de Minos asomar por encima del hombro de Hilda. El juez tomó la estrecha cintura femenina y mientras el me penetraba a mi, ayudaba a la ex sacerdotisa a moverse en torno a mi sexo. De vez en cuando este masajeaba sus pechos, haciéndolo deliberadamente para que yo los observara.
Lujuria de pesadilla, ambiente de pesadilla, circunstancias de pesadilla. El maldito cuadro completo.
<<¿Es todo esto verdad?>> Pensé, a ratos incapaz de digerir todo lo que ocurría… Incluso la ola de doloroso placer anal que me invadía no parecía pertenecer a este mundo.
Minos arremetió con más fuerza, y yo gemí involuntariamente.
-¡Aaaah! ¡Duele!-
-¿Pero es rico, no? Esto que siento yo lo estas sintiendo tu…- Gimió Hilda, y besó a Minos, enredando su lengua con la de él. Yo me quedé hipnotizado ante aquel beso… Maldita sea, estaba muy excitado. Incluso sin querer relamí mis labios mientras los veía. Ellos rieron suavemente, y el juez acarició el clítoris de Hilda, igualmente húmedo y expuesto. Ella gimió locamente y yo respondí al unísono, como si yo también sintiera esas caricias.
Los gemidos que llenaban la lujosa habitación danzaron también en mi cabeza, y al momento del orgasmo, cuando llené el cuerpo de Hilda con mi esencia, y Minos con la suya, solo grité desde lo más profundo de mis pulmones. Fue un grito prolongado, donde se mezclaban el placer, la rendición y la decepción.
Me dí cuenta que después de todo, no tengo a otro lugar a donde ir. Si Asgard fue tomado ya por el Inframundo, ya no tendría sentido regresar a mi tierra natal. Además, solo Odín sabía si también otros reinados habían corrido con la misma suerte.
Odín… ¡Ha! Que estúpido fui al creer en el. El no protegió a mi preciosa Hilda de que estos espectros la asesinaran… No amparó a mis compañeros en sus luchas por defender estas tierras… Todo fue consumido por el mal, y Odín no hizo NADA, NADA DE NADA.
Reí fuertemente esta vez. Fuerte, muy fuerte, tanto así que mis dos… ¿amos? Me miraron como si fuera un bicho raro. Pero no me importó. Tenía que reír ahora, y dejar de llorar por todos esos sueños perdidos en el vacío de mi propia miseria.
Blame it on your karmic curse Or shame upon the universe It knows its lines, it's well rehearsed
Jadeé exhausto, aún atado de espaldas a la cama. Mi pene goteaba esperma y tenía también el semen de Minos corriendo en mi interior, fluyendo y escurriendo también entre mis piernas. Ya no podía pensar, ni siquiera en lo mucho que amé a Hilda y a mis gélidas tierras de Asgard.
Fue estúpido creer en todo eso. Tanta devoción para terminar en esto.
Cuando alcé la cabeza, tenía a mis dos “amos” sentados a mis costados. Minos le hizo un gesto a Hilda y esta le paso una bandeja con frutas deliciosas. Las sorteó por unos segundos, y escogió una banana.
-Si comes algo que haya crecido aquí, permanecerás por siempre, Siegfried…- Dijo Minos, quitándole la cáscara a dicha fruta. Luego pasó la punta de la misma por mis labios, tentándome con su sabor.
-Come de esta fruta, y disfrutarás estos placeres por siempre, Siegfried de Alfa… El último de los asgardianos, uno de los más poderosos de los siete divinos, ahora convertido en mi pequeño juguete sexual…-
Entonces Hilda habló, acariciándome el cabello.
-Te rendirás a las órdenes y deseos de tu amo sin pero ni porqués. Serás suyo en todos los aspectos…-
Fue entonces cuando abrí la boca, acogiendo a la banana dentro. La mordí y la mastiqué con mucho placer, para luego posteriormente tragarla con igual deleite. Su sabor estremeció mi paladar.
It sucked you in, it dragged you down To where there is no hallow ground Where holiness is never found
-Come, Siegfried… Come… Y sé mi esclavo para siempre…-
En tanto que digería el último pedazo de banana, las risas no solo de Minos sino de Hilda retumbaron por todo el lugar…
*********
-¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!-
Desperté sudoroso en mi cama, y miré aceleradamente a mí alrededor, con el corazón amenazando con salir de mi pecho.
Ninguna habitación de lujo, ningún juez del inframundo de larga cabellera rubia penetrándome, y ninguna zombi que se hacía pasar por Hilda encima mío. Me encontraba sano y salvo en el palacio Valhala, y a mi lado, Hilda dormía apaciblemente.
Suspiré larga y hondamente de intenso alivio. Todo había sido un sueño, solo un espantoso sueño. Me levanté de la cama, y al hacerlo, noté que tenía la entrepierna húmeda… Me puse rojo como cangrejo y corrí a lavarme: No quería que Hilda viese este desastre.
Cuando regrese, mi amada seguía dormida, así que en vez de regresar a la cama, me asomé a un ventanal: El viento gélido soplaba, y a lo lejos, veía la pequeña aldea. Sin duda alguna, estaba en Asgard y no en algún mundo desconocido y de pesadilla.
Cuando me disponía a volver a la cama, Hilda despertó y me miró intrigada.
-Siegfried… ¿Qué sucede?-
Vacilé por un momento, dudando si debía o no contarle aquel disparatado sueño. Preferí no hacerlo, pues no deseaba alarmarla, y mucho menos a estas horas de la madrugada.
Can you feel a little love..? Can you feel a little love...? Dream on... Dream on...
-No es nada, Hilda…- Dije, y sonreí. Sus ojos serenos me bañaron de calor, por dentro y por fuera. Eran los ojos de la mujer a la que amo y devoto mi vida.
-Regresa a la cama entonces…- Dijo ella, dulcemente -Me desperté por que me hacía falta tu calor, Siegfried…-
Mi corazón palpitó al verla, y sin vacilar regresé, abrazándola con mucha fuerza. Ella me devolvió el abrazo.
-Te amo Hilda, y pase lo que pase, voy a protegerte a ti y a Asgard, hasta el último momento de mi vida…-
-Sé que lo harás… Por eso eres el hombre que quiero… Nunca lo olvides… Siegfried de Alfa… Por que no solo tienes mi amor, sino el tuyo para con tus compañeros y tu tierra natal… Recuerda que sin amor, nada en este mundo progresará…-
-Pase lo que pase, eso nunca cambiará… Hilda…- susurré, lleno de calor por sus tiernas y sinceras palabras. Sin dejar de abrazarla, me dormí, ahora cómodo y seguro, lejos de las pesadillas que me amenazaban…
Dream on... Dream on... Dream on... Dream on... The End
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